No porque fuera mala madre. Sino porque me relacionaba desde mis heridas, desde los únicos patrones que conocía.
Yo no llegué a este trabajo desde los libros. Llegué desde la vida.
Atravesé mi propia separación con hijos. Y en ese proceso descubrí algo que cambió mi forma de mirar todo: que el daño que les podemos hacer a nuestros hijos no es solo el grito, la mala palabra, el portazo. Es algo más sutil — el lugar desde el que nos relacionamos con ellos cuando nosotras mismas estamos rotas.
Tardé tiempo en aprender a separar lo que era mío, lo que era de la relación, lo que venía de mis propios padres y de mis abuelos. Tiempo en empezar a hablarles desde otro sitio. Tiempo en entender que el trabajo profundo era conmigo, no con el otro.
Cuando empecé a integrar eso, mis hijos lo notaron antes de que yo lo notara.
Familias Kintsugi nació de esa experiencia. De querer ofrecer a otras familias lo que a mí me hubiera salvado tiempo, energía y dolor — un acompañamiento honesto, profesional y profundo, para que la separación no se convierta en una grieta abierta sino en una oportunidad de reordenamiento.
Las personas no son problemas aislados. Los problemas se entienden dentro del sistema familiar completo — la pareja, los hijos, la familia de origen de cada uno, las generaciones anteriores. Cuando una parte del sistema cambia, el sistema entero se mueve. Esa es la base de todo mi trabajo.
Vengo del mundo de la mediación familiar, donde he aprendido que el conflicto no se gestiona desde el enfrentamiento, sino desde la comprensión de lo que cada parte está realmente necesitando. Esa mirada se traslada también al diálogo interno de cada persona consigo misma.
A lo largo de los años he incorporado herramientas complementarias que enriquecen mi mirada profesional: constelaciones familiares sistémicas, trabajo con patrones relacionales, perfiles de personalidad y herramientas de desarrollo personal. No las uso con todos los procesos — las propongo cuando son útiles y las dejo fuera cuando no son el camino.
A eso le sumo más de 13 años formándome como madre — que es la formación que ningún título puede dar.
He sistematizado mi forma de trabajar en un método propio que llamo «Del quiebre al oro». Está estructurado en cuatro etapas: Nombrar el quiebre, Las grietas, La herida, y El corazón restaurado. La llamada de valoración previa es el punto de partida — 30 minutos gratuitos para confirmar que el acompañamiento encaja con tu momento.
El nombre viene del arte japonés del kintsugi, que repara con oro las piezas de cerámica rotas. La grieta no se esconde — se honra. Esa imagen es el corazón de mi trabajo.
Conocer la metodología completa →
Mi trabajo no está pensado para situaciones donde haya violencia activa, ni para quienes buscan exclusivamente asesoramiento legal.
Especialización en una fase concreta — la del «mientras» y la transición familiar. No atiendo todas las crisis familiares. Atiendo específicamente las que tienen que ver con la separación con hijos.
Integración de mirada profesional y experiencia personal — atravesé mi propio proceso. Eso me da una comprensión visceral del recorrido que ninguna formación puede dar por sí sola.
Profundidad sin tecnicismos — trabajo con herramientas sistémicas profundas, pero hablo claro. Lo profundo se dice simple. Esa es la búsqueda.
Atiendo presencialmente en Canet de Mar (Maresme, Barcelona) y online en castellano y catalán para toda España.
La primera llamada es gratuita, de 30 minutos y sin compromiso. Es solo para conocernos y ver si encaja.
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